Si
cada cuatro años, no se añadiera un día más al mes de febrero, en un aproximado
de siete siglos, la navidad se estaría celebrando en el mes de junio.
Cincuenta
años antes del nacimiento de Cristo, el romano Julio César inventó este día
para corregir un error de origen astronómico: en total, la Tierra dura 365
días, 5 horas, 48 minutos y 45,25 segundos en darle la vuelta al Sol, pero por
practicidad, la cifra se aproxima a 365.
Quien
se dio cuenta de este “descuadre”, fue el astrónomo egipcio Sosígenes de Alejandría,
y por orden de Julio César, diseñó un calendario en exceso exacto, comparado
con lo que en ese tiempo usaban los romanos.
En
Roma había tantos días acumulados, que cuando este calendario – conocido como
el Calendario Juliano - se empezó a implementar, el año 46 a.C. ha sido
conocido como el más largo en toda la historia, porque tuvo 445 días, sin
contar el año nuevo.
En
el Calendario Juliano, el año bisiesto no incluía el 29 de febrero, sino un día
entre el 24 y el 25 de febrero, cada 4 años. El papa Gregorio XIII, en 1582,
implementó la mecánica que se usa hoy en día; y aunque el calendario Gregoriano
es mucho más exacto que el Juliano, aún hay un desfase de poquísimos segundos.
Esto
significa, que en unos 3.200 años, se tendrá que adicionar otro día al año bisiesto,
lo que implica que febrero podrá tener 30 días cada cuatro años, y ser un mes
como cualquier otro.
Todos
aquellos nacidos el 29 de febrero, que en el mundo suman aproximadamente
350.000 personas, cada año no bisiesto no saben si celebrar su cumpleaños el 28
de febrero o el 1 de marzo, pero hoy tienen la alegría de celebrar su verdadero
cumpleaños.
Este día, también se celebra el Día de las Enfermedades Raras, en los
años bisiestos, que habitualmente se celebra el 28 de febrero, por ser el
último día de este mes.

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