Definitivamente, hoy en día
la música nos acompaña en muchas de nuestras actividades cotidianas, sea porque
pensamos que nos desetresa o nos ayuda a desempeñarnos mejor en nuestras
tareas, o nos acerca más a aquellos que nos rodean; la música permite crear
lazos con aquellos que comparten nuestros mismos gustos, la música ha
permanecido como algo inherente al desarrollo de la historia de los humanos. Por otro lado está la evolución misma
de la música, sus etapas, su uso como rasgo distintivo y cultural la hacen
parecer infinita, tan distinta en cada región, época, cultura, subcultura,
nicho, estrato, banda, tribu urbana, persona... así hasta el infinito. Y por si fuera poco, la música, eso que hace un
acierto la vida, tiene efectos poderosos en el
cuerpo humano.
Es un poderoso estímulo para nuestro cerebro, y le permite reaccionar en
diversas situaciones, dependiendo por la circunstancia que estemos pasando, o
la música que estemos escuchando. La música afecta directamente la química de
nuestro cerebro, ya que libera dopamina, hormona conocida por generarnos
placer, y también se asocia con procesos como el aprendizaje, el
comportamiento, diferentes actividades motoras, el sueño, el humor o la
atención.
En diversos estudios, se han evidenciado mejoras en la salud de personas
que padecen párkinson, autismo o convulsiones.
Muchas personas presumen haber adquirido mejora en su habilidad para
aprender otros idiomas, sienten que son más creativos y se consideran personas
felices. A la música se le atribuyen efectos curativos, como calmar la
ansiedad, aumentar el optimismo y calmar el dolor. También disminuye el estrés,
por eso muchas personas consideran que se sienten mejor escuchando música mientras
trabajan; mejora la memoria y el aprendizaje, los recuerdos se vuelven mucho
más vívidos, y afecta la velocidad de las ondas cerebrales.

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